jueves, 6 de abril de 2017

Cueva Mur

Antes de que la memoria empiece a fallar, cosa cada vez más frecuente, voy a relatar la visita de este fin de semana a Cueva Mur, cavidad clásica donde las haya que además de tener su punto de acción, tiene sus pequeños tesoros guardados. Para algunos de nosotros era la primera visita completa a la cavidad, ya que en anteriores visitas, o bien no pudimos completarla por falta de material, o se anuló la salida por causas diversas.

En esta ocasión el grupo lo formamos, Mar, Nandy, Jose MG Casanova, Jose Moreno y yo. Parte nos alojamos en los apartamentos Arredondo, a la salida de esta localidad en dirección al Asón, y que por 10 eur nos permite disponer de un pequeño apartamento para dos, en nuestro caso. Quedamos con Casanova y Nandy en Ramales a las 10,30 ya que ellos venían de Unquera, y después de unos cafés nos encaminamos hacia la boca de Cueva Mur, eso si, jarreando agua. Para llegar al parking hay que tomar en dirección al puerto de los Tornos por la N629 y después de unas cuantas revueltas, como a unos 3 kms. encontraremos una pista que nos lleva a la cueva de Covalanas, cueva turística con pinturas rupestres, en cuyo parquing dejaremos el coche. Seguiremos el camino de la cueva turística, y en la segunda curva a la izquierda, sale una senda muy pisada que subiendo nos lleva a la gran boca y que desde este punto se encuentra oculta. Las dimensiones de la boca son espectaculares y no tiene pérdida, al situarse en el farallón del monte Pando, visible desde la carretera. Será esta circunstancia por las que nunca tomo las coordenadas gps.  La cavidad la hemos visitado con anterioridad, pero al no estar instalado el pasamanos de aproximación a la rampa, nos quedamos en el laminados y posterior balcón, ya que no llevábamos material suficiente para su instalación. Decir que la cavidad se encuentra reequipada en fijo desde 2014 por parte del Espeleo Club Cántabro en colaboración de la FCE a excepción de la rampa de 55 m que nos deja en la base de la gran sala.

Como hacia mucho que no la visitábamos, nos confundimos y nos fuimos a las gateras que hay al fondo de la boca a mano izquierda, así que tuvimos que rectificar y bajar un poco. La entrada se encuentra a través de una pequeña ventana de metal sin puerta que se sitúa arriba y a la derecha de la boca, subiendo por una pequeña canal. Ya cuando nos dirigíamos a ella, otro grupo nos venía pisando los talones, y no era otro que el de las “desertoras”, María y Sonia. Saludamos a María y entramos con el fin de no atascarnos, pero ya había otro grupo de 4 personas del GAEM de Madrid, y aunque a priori aquello parecía una espeleoromería, al final la cosa salió bien y pudimos disfrutar de la cavidad sin agobios ni atascos. Con el chaval que iba de guía en el grupo del GAEM curiosamente habíamos coincidido hacía un par de años en la travesía Cuivo-Mortero, el caso es que este mundillo es un pañuelo.

La cavidad empieza con un pequeño laminador en la entrada que da acceso a una rampa cuya instalación nos lleva a remontar a pared contraria para situarnos en un pasamanos que bordea por arriba una sala y que después de una rampa, también instalada, nos deja en el paso del cordino, que finalmente nos deja en un resalte de un par de metros, todo ello instalado en fijo. En la anterior ocasión y antes del resalte, según bajamos la rampa visitamos las galerías de la derecha, sin gran interés, ya que carecen de formaciones.

Una vez subido el resalte, ascendemos en rampa continua dos tramos de cuerda que nos dejan arriba en una ventana que da acceso al largo laminador dividido en dos tramos, siendo el segundo más estrecho y bajo que el primero y que nos deja después de destrepar un metro escaso en el balcón de la gran sala, donde vemos las cabeceras del pasamanos, ya que para el primer tramo hay instaladas dos cuerdas. Este se baja con stop para mayor seguridad. Vamos progresando como pequeñas luciérnagas en la inmensa sala obscura por el pasamanos que es cómodo hasta una repisa al fondo a la derecha donde se sitúa la cabecera de la rampa. Allí contactamos con el grupo anterior y al preguntar por Pedrito, nos comentaron que se habían dividido en tres grupo, uno el que allí estaba, otro estaba alojado donde nosotros y con destino a Coventosa y el tercero, donde estaba Pedro, a la Gandara.  Instalamos dos cuerdas para bajar más rápido. Nosotros usamos una de 54 y llego bien hasta una zona de fácil destrepada. Este será el punto donde terminaremos nuestro recorrido circular, viniendo por la derecha por unas galerías de techo bajo.

Desde el fondo de la rampa, nos encontramos en la base de la Gran Sala y tomamos hacia la derecha ascendiendo hacia la parte izquierda de una colada y un gran balcón, pegado a donde nos deja la cuerda. Ascendemos a la sala del Campamento y por la izquierda revisamos una galería ascendente con gran cantidad de formaciones fósiles y una estalagmita que tiene una foto. Progresamos por salas grandes de la Cascada y el Caos, donde paramos junto con los compañeros de GAEM a tomar un refrigerio.

Desde aquí seguiremos nuestro camino por la Galería de los Meandros, pasada la cual nos dirigiremos hacia la derecha para encontrar la Sala del Lapicero. Aquí, buscaremos en la pared izquierda el Paso de los Retales. Como iban por delante los compañeros del otro grupo, no hubo problema en su localización. Añadir además que hay un gran catadióptrico sujeto por estalactitas y una flecha de barro que lo indican con claridad.  Este se pasa boca arriba y con la espalda pegada al suelo, es un paso estrecho pero algunos de nuestros miembros que tenían dudad por su corpulencia lo pasaron sin problemas. Se sigue progresando por una especie de meandro estrecho y bajo para salir ya a salas más amplias y marcadas con la nueva señalización de cavidades ZB de hilo verde fluorescente, que balizan el tránsito por galerías fósiles donde la marca de arcilla verdaderamente va dejando su rastro. En un punto de la sala, las señalizaciones se bifurcan a la izquierda para visitar la galería de los Gours , que una vez revisada , retornamos a el camino principal que nos lleva por un conducto triangular precioso, teniendo como alternativa una gatera infecta a la izquierda. A partir de este punto uno irá reptando por la galería de los Guantes hasta llegar a la cabecera de la rampa y recuperar la cuerda instalada. La vuelta se realiza despacio dado el número de participantes, pero sin llegar a conectar con el grupo perseguidor. Salimos ya al atardecer con las últimas luces y hemos empleado 7 horas en hacer la visita. Nos cambiamos bajo una lluvia insistente que no ha parado en todo el día y ya preparador para irnos, contactamos con María, quedando para tomar unas cervezas en un bareto de la plaza de Ramales.
Comentamos la jugada con los chicos del Espeleo Club Cántabro y quedamos para una futura visita de ellos al kart del Cañón del Río Lobos para finales de abril. Nos despedimos de nuestra compañera y vuelta a Bustablado a darnos un homenaje en el bar de Evaristo,  como viene siendo ya costumbre.

El domingo, nos quedamos solos Mar y yo, y aprovechamos para localizar las bocas de la sima del Mostajo y la del Picón,  tarea que nos llevo un tiempo y que gracias a una pérdida, nos compensó con encontrarnos a otro grupo de chavales que completaban el fin de semana visitando la 415, de la cual nos dieron paradero.

Localizamos finalmente las 2 bocas, gracias a la colaboración del paisano que vive entre ellas y aprovechamos la mañana para patear aquella zona de Matienzo que no conocíamos.


Un gran fin de semana en inmejorable compañía y preparando ya el petate para la siguiente salida a Cantabria.

1 comentario:

Unknown dijo...

Super interesante Cueva Mur. Y más ahora que han reconstruido el Lapicero. Tenemos que volver para verlo.
José MG Casanova